PRÁCTICA DOCENTE: DESDE UNA DIMENSIÓN PERSONAL
Mi nombre es José Luis Velázquez Aquino, tengo 29 años de edad y cuento con 8 años de servicio en el magisterio como profesor de Educación Física (EF). Seguramente los datos personales puedan ser superfluos por conocidos que éstos son por los compañeros que conformamos el plantel docente de la esc. Prim “Profr. Roberto Martínez Flores” en el turno matutino. Sin embargo, cuando se describe la dimensión personal particular, siempre las líneas que compongan el texto serán insinuadores para atraer la atención de los lectores a sus detalles.
Quiero precisarles que las preguntas planteadas hacia nosotros para el desarrollo del presente documento, las enlisto de inicio para ir explorando las respuestas o bien dicho mis proyecciones, durante el desarrollo del mismo: ¿qué haces?, ¿qué significa lo que haces?, ¿cómo llegaste ha ser así? Y ¿Qué harías para cambiar?, todo esto para efectos de responder al ideal general de la reivindicación de la labor docente, que creo sea la inquietud particular compartida de la directora de la escuela.
No es extraño en el mundo de la pedagogía y seguramente todos podemos coincidir que el papel del educador es un proceso de exaltación de la razón, un implacable ejercicio crítico que deba desencadenar una revolución de las conciencias y de esa manera producir un razonamiento como doctrina filosófica y como actitud ante la vida. Sin embargo, detrás de un docente antes existe ya la personalidad de un individuo y ésta es la que magnifica o desvirtúa cualquier rol social a la que se pertenezca. Hoy hablamos el de ser profesor y de sus acciones, no necesariamente aquellas que tenga exclusividad con las sistematizadas, las didácticas o las tecnificadas en el proceso enseñanza-aprendizaje, sino aquellas acciones que trascienden éstas, comúnmente denominadas como humanas.
Con regularidad no tengo la mala costumbre de hablar de la particularidad de mis acciones si antes no conozco la generalidad con la que se encuentra, pero hoy es posible, ya que confío que los que leen ahora conocen de igual modo la particularidad de las acciones del otro para generalizar las suyas; es decir, “radicamos” en un contexto social, la escuela.
Como profesor de EF es mi oportunidad para comentarles que el estado de conocimiento de la asignatura escolar está plenamente fundamentada como disciplina pedagógica y que tiene como objeto de estudio las acciones motrices corporales y sus efectos formativos, no es el alto rendimiento la tendencia, mucho menos la selectividad; es la promoción de los valores y de la intersubjetividad a través de las actividades físico deportivas y recreativas el camino por el que transitan los alumnos con la asignatura. La idealización de la educación integral del sujeto es la que justifica a la EF en el ámbito escolar.
A través del rol social que desempeño, busco colaborar al mismo tiempo con los compañeros en la estabilidad social que cada uno hemos idealizado la cuál es compuesta por: la prosperidad de las vinculaciones en su expresión más acabada el respeto a la libertad del semejante. Porque no es la suma, la resta, la multiplicación, el dictado y la copia, la memorización, el brincar alto o bajo, el mejor basquetbolista, el mejor atleta lo que buscamos, los anteriores son los recursos básicos de la civilización social de los que se vale el hombre para el desarrollo y comodidades que ofrece la tecnificación. Por tal razón los deportes, si no son las reglas de vida, por lo menos sí las representan y con ellas jugamos para su futura aplicación en uno de los laboratorios de conductas humanas más importantes que existen, la sociedad.
Todo lo anterior ha sido descripción del profesor de E F, pero quiero abrir un espacio para poder platicar acerca del individuo que existía antes del rol de profesor y que se ha venido formando hasta ahora con la comunicación que existe con los compañeros de trabajo.
Posiblemente alguien se haya atrevido a comentar que para desempeñarse como profesor, el éxito dependa de la vocación profesional (sin duda tiene razón) pero hay que tener cuidado al afirmarlo. Esto lo comento porque siempre tengo el cuidado por lo menos de no decirlo públicamente, prefiero en silencio pensarlo, porque no sé si pueda ser capaz de ser objetivo al intentar defender que mi motivación interna hacia la EF como profesión sea por vocación, aunque les comento que siempre he encontrado los argumentos para asegurar que es así, que mi elección se rige por vocación. Cuando esta defensa ocurre, me escuchan y prestan atención, pero percibo la duda, como en ocasiones me ha pasado al escuchar a otros hablar con tanta pasión igual que yo. En fin, sostengo que mi formación profesional me apasiona porque la vocación me condujo hacia ella. Sin embargo si en estos momentos resurge la duda, resurjo inmediatamente argumentando, que si no he sido formado por vocación, sí aseguro haber tenido una educación con un alto grado en valores humanos que mis padres me han enseñando como la honestidad, la responsabilidad, la solidaridad y la libertad, los cuáles no permitirían jamás la fractura del acuerdo pactado con la educación familiar respecto a la vida en sociedad, en consecuencia, sí es posible una comparación que estime diferencias de mi persona respecto a la ineptitud y a la personalidad nefasta.
Despido con las últimas líneas y felicito al responsable de éste momento la oportunidad de hablar, de expresar y reconocerse profesionalmente en público. Cierro con un pasaje de la Ética a Nicómaco de Aristóteles que responde a la reivindicación constante del hombre en existencia, y que puedo sospechar sea un indicador de las intenciones de reconocernos juntos: ¿qué harías para cambiar? “El que ha sido bien instruido dispone de puntos de partida, o puede conseguirlos fácilmente. En cuanto al que ni los posee ni puede conseguirlos debe releer estas palabras de esíodo: Bueno es el hombre que escucha cuando bien le aconsejan, mucho mejor el que conoce las cosas de por sí; más el que no conoce y presta oídos a la sabiduría del prójimo, es ser inútil” (en Romeo, 1972: 160)[1] Sólo cambio en la medida en que mis oídos están puestos a las voces de los otros, felicito y agradezco esta propuesta de evaluación y autorreflexión. Suerte y buen.
[1] Romeo, F (1972): Obras Filosóficas. Los clásicos. México: W.M. JACKSON, INC.
Mi nombre es José Luis Velázquez Aquino, tengo 29 años de edad y cuento con 8 años de servicio en el magisterio como profesor de Educación Física (EF). Seguramente los datos personales puedan ser superfluos por conocidos que éstos son por los compañeros que conformamos el plantel docente de la esc. Prim “Profr. Roberto Martínez Flores” en el turno matutino. Sin embargo, cuando se describe la dimensión personal particular, siempre las líneas que compongan el texto serán insinuadores para atraer la atención de los lectores a sus detalles.
Quiero precisarles que las preguntas planteadas hacia nosotros para el desarrollo del presente documento, las enlisto de inicio para ir explorando las respuestas o bien dicho mis proyecciones, durante el desarrollo del mismo: ¿qué haces?, ¿qué significa lo que haces?, ¿cómo llegaste ha ser así? Y ¿Qué harías para cambiar?, todo esto para efectos de responder al ideal general de la reivindicación de la labor docente, que creo sea la inquietud particular compartida de la directora de la escuela.
No es extraño en el mundo de la pedagogía y seguramente todos podemos coincidir que el papel del educador es un proceso de exaltación de la razón, un implacable ejercicio crítico que deba desencadenar una revolución de las conciencias y de esa manera producir un razonamiento como doctrina filosófica y como actitud ante la vida. Sin embargo, detrás de un docente antes existe ya la personalidad de un individuo y ésta es la que magnifica o desvirtúa cualquier rol social a la que se pertenezca. Hoy hablamos el de ser profesor y de sus acciones, no necesariamente aquellas que tenga exclusividad con las sistematizadas, las didácticas o las tecnificadas en el proceso enseñanza-aprendizaje, sino aquellas acciones que trascienden éstas, comúnmente denominadas como humanas.
Con regularidad no tengo la mala costumbre de hablar de la particularidad de mis acciones si antes no conozco la generalidad con la que se encuentra, pero hoy es posible, ya que confío que los que leen ahora conocen de igual modo la particularidad de las acciones del otro para generalizar las suyas; es decir, “radicamos” en un contexto social, la escuela.
Como profesor de EF es mi oportunidad para comentarles que el estado de conocimiento de la asignatura escolar está plenamente fundamentada como disciplina pedagógica y que tiene como objeto de estudio las acciones motrices corporales y sus efectos formativos, no es el alto rendimiento la tendencia, mucho menos la selectividad; es la promoción de los valores y de la intersubjetividad a través de las actividades físico deportivas y recreativas el camino por el que transitan los alumnos con la asignatura. La idealización de la educación integral del sujeto es la que justifica a la EF en el ámbito escolar.
A través del rol social que desempeño, busco colaborar al mismo tiempo con los compañeros en la estabilidad social que cada uno hemos idealizado la cuál es compuesta por: la prosperidad de las vinculaciones en su expresión más acabada el respeto a la libertad del semejante. Porque no es la suma, la resta, la multiplicación, el dictado y la copia, la memorización, el brincar alto o bajo, el mejor basquetbolista, el mejor atleta lo que buscamos, los anteriores son los recursos básicos de la civilización social de los que se vale el hombre para el desarrollo y comodidades que ofrece la tecnificación. Por tal razón los deportes, si no son las reglas de vida, por lo menos sí las representan y con ellas jugamos para su futura aplicación en uno de los laboratorios de conductas humanas más importantes que existen, la sociedad.
Todo lo anterior ha sido descripción del profesor de E F, pero quiero abrir un espacio para poder platicar acerca del individuo que existía antes del rol de profesor y que se ha venido formando hasta ahora con la comunicación que existe con los compañeros de trabajo.
Posiblemente alguien se haya atrevido a comentar que para desempeñarse como profesor, el éxito dependa de la vocación profesional (sin duda tiene razón) pero hay que tener cuidado al afirmarlo. Esto lo comento porque siempre tengo el cuidado por lo menos de no decirlo públicamente, prefiero en silencio pensarlo, porque no sé si pueda ser capaz de ser objetivo al intentar defender que mi motivación interna hacia la EF como profesión sea por vocación, aunque les comento que siempre he encontrado los argumentos para asegurar que es así, que mi elección se rige por vocación. Cuando esta defensa ocurre, me escuchan y prestan atención, pero percibo la duda, como en ocasiones me ha pasado al escuchar a otros hablar con tanta pasión igual que yo. En fin, sostengo que mi formación profesional me apasiona porque la vocación me condujo hacia ella. Sin embargo si en estos momentos resurge la duda, resurjo inmediatamente argumentando, que si no he sido formado por vocación, sí aseguro haber tenido una educación con un alto grado en valores humanos que mis padres me han enseñando como la honestidad, la responsabilidad, la solidaridad y la libertad, los cuáles no permitirían jamás la fractura del acuerdo pactado con la educación familiar respecto a la vida en sociedad, en consecuencia, sí es posible una comparación que estime diferencias de mi persona respecto a la ineptitud y a la personalidad nefasta.
Despido con las últimas líneas y felicito al responsable de éste momento la oportunidad de hablar, de expresar y reconocerse profesionalmente en público. Cierro con un pasaje de la Ética a Nicómaco de Aristóteles que responde a la reivindicación constante del hombre en existencia, y que puedo sospechar sea un indicador de las intenciones de reconocernos juntos: ¿qué harías para cambiar? “El que ha sido bien instruido dispone de puntos de partida, o puede conseguirlos fácilmente. En cuanto al que ni los posee ni puede conseguirlos debe releer estas palabras de esíodo: Bueno es el hombre que escucha cuando bien le aconsejan, mucho mejor el que conoce las cosas de por sí; más el que no conoce y presta oídos a la sabiduría del prójimo, es ser inútil” (en Romeo, 1972: 160)[1] Sólo cambio en la medida en que mis oídos están puestos a las voces de los otros, felicito y agradezco esta propuesta de evaluación y autorreflexión. Suerte y buen.
[1] Romeo, F (1972): Obras Filosóficas. Los clásicos. México: W.M. JACKSON, INC.

